martes, 24 de junio de 2014

Las dos caras de enero. Ni Highsmith ni Minguella

Las películas protagonizadas por estadounidenses que viajan o viven en países de un atraso proverbial y un claro encanto exótico se han convertido en uno de los subgéneros más recurrentes del cine. Ejemplos clásicos fueron las películas de intriga Casablanca (1942) o El hombre que sabía demasiado (1956, existe una versión de 1934, también de Hitchcock, muy distinta), que suceden en Marruecos. 
Luego vinieron muchas más, situadas en general en países europeos de cultura clásica (Italia y Grecia), que permitían ofrecer productos de mayor nivel cultural, en especial el paisajístico, sin dejar de mostrar siempre su proverbial atraso en las costumbres. Algunas de ellas fueron obras maestras, como la comedia Avanti (Qué ocurrió entre mi padre y tu padre (Billy Wilder, 1972) o el drama político Missing (Costa-Gavras, 1982), ambas protagonizadas por Jack Lemmon aunque muy, muy distintas entre sí. Otras son bastante más prescindibles, como la sentimental Bajo el sol de la Toscana (Audrey Wells, 2003) y algunas son pastiches colosales como The Tourist (Von Donnesmarck, 2010).

Pero si algo ha acabado constituyendo un subgénero dentro del subgénero son las películas basadas en Tom Ripley, el personaje creado por Patricia Highsmith, cuya extraordinaria personalidad ha dado tanto juego que ha permitido que diversos realizadores de varios países hayan filmado sus aventuras, algunas de ellas en distintas versiones.
Empezó un francés, René Clement, que en 1960 rodó Purple noon (A pleno sol), con un inquietantemente atractivo Alain Delon en el papel del amoral personaje estadounidense, para conseguir una película de una densidad más que notable. Luego vendría el alemán Wim Wenders, que rodó una película pretendidamente europea e intelectual, El amigo americano, con un imposible Dennis Hopper en el papel de Ripley. Tampoco acertó, en mi opinión, con el personaje la italiana Liliana Cavani, que se lo entregó a John Malkovich para su versión de la misma novela que había rodado Wenders.
No fue hasta 1999 cuando, para mí, se filmó la mejor película de Ripley hasta la fecha: El talento de Mr. Ripley, de Anthony Minguella, con un reparto muy acertado (Mat Demmon como Ripley, además de Jude Law, Gwyneth Paltrow, Cate Blanchett Y Philip Seymou Hoffman, todos ellos extraordinarios en el film) y un tono que recogía el clima oscuro y refinadamente perverso no solo de Ripley sino también de Greenleaf.

Ahora Hossein Amini, aclamado guionista de películas de éxito, en especial de la estimulante y turbia Drive, nos presenta su primera película como director, Las dos caras de enero, que no está basada en Ripley pero sí en otra novela de Patricia Highsmith, que nos pone frente al dilema dorsiano de si todo lo que no es tradición es plagio, porque estamos ante una película en la que todo resulta dejà vu y lo que queda por dilucidar es si el director se ha aferrado a la tradición o se ha sumido descaradamente en el plagio.

Amini ha cogido cuantos tópicos ha podido: el despertar en la playa mientras el pescador que golpea el pulpo contra las rocas para ablandarlo, esos hombres bailando una especie de sirtaki como si fueran el ínclito Demis Roussos más que Anthony Quinn, el autobús que traquetea por carreras infames, las niñas visitando las ruinas en el momento preciso, esos griegos ignorantes que, sin embargo, hablan un perfecto inglés cuando al guión le conviene, etc. etc.
En este escenario nos ha puesto a un flojo Viggo Mortensen (con lo bueno que llega a ser este actor), a una desmejorada Kirsten Dunst (¿qué hizo con los actores Amini?) y a un plano Óscar Isaac cuya principal virtud es tener un físico por el que pueda ser confundido con un griego (lo que no sé es si también con un norteamericano), vestidos para la ocasión como auténticos coloniales, a lidiar con una historia que intenta conseguir el universo de Highsmith bebiendo en la fuente de Minguella.
Nada de lo que aparece en la película es turbador, la intriga está mal planteada y los personajes no tienen ni uno de los recovecos que tanto le gustaba cincelar a la escritora norteamericana. Por eso, el final parece tan fuera de lugar que no nos permite, de entrada, darnos cuenta de que es lo mejor de la película.

martes, 27 de mayo de 2014

Cazadores urbanos: la novela negra y la codicia

Todas las novelas tienen, en mayor o menor grado, misterio e intriga, porque de lo contrario abandonaríamos su lectura a las pocas páginas, pero solo la novela negra es aquella que se adentra en la parte más oscura del ser humano.
La novela negra va más allá de contar uno o varios asesinatos y mantener al lector con el misterio de quién es el asesino y la duda de si será atrapado o no. De hecho, una novela puede ser negra sin que contenga ningún asesinato, pero es condición indispensable que muestre las cloacas de nuestra sociedad.

En mi opinión, los mejores escritores de novela negra son los estadounidenses, inventores del género. Dashiell Hammet y Raymond Chandler son quizá los más conocidos de entre los clásicos, James Ellroy o Elmore Leonard de entre los posteriores, especialmente por las adaptaciones cinematográficas de sus libros. Hay muchos más, que sería prolijo enumerar aquí, de los que yo destaco especialmente a Edward Bunker, cuyas historias son de una brutalidad extrema, o Chester Himes, escritor negro que denuncia con fuerza el racismo en sus novelas. Todos ellos retratan ese sustrato sombrío que existe en la sociedad y los personajes que se mueven en él, casi siempre dominados por la codicia, que origina corrupción y causa crímenes en todos los estamentos, desde los políticos hasta los policías pasando por los llamados hombres de negocios, a quienes persiguen unos protagonistas generalmente desencantados y cínicos con un pasado triste y duro.

Lo mismo sucede en muchos países europeos, como Italia, en la que tenemos a Donna Leon que, aunque americana, vive y sitúa sus novelas en Venecia y dedica cada entrega de la saga del comisario Brunetti (de perfil muy distinto al de los norteamericanos) a algún tema socialmente de actualidad, desde la inmigración a la corrupción política; algo semejante hacía Leonardo Sciascia, muy centrado en la mafia para narrar los crímenes y la corrupción de su época. No se quedan atrás en su denuncia los autores nórdicos, que tan de moda están. También los franceses, con el prolífico y agudo Simenon a la cabeza, o la actual Fred Vargas, gustan de ponernos ante lo más bajo de la sociedad francesa.

En España destaco a Vázquez Montalbán como escritor que usaba la novela negra para retratar y criticar la España franquista y tardofranquista en la que vivió, y al actual Rafael Chirbes, que seguramente no puede ser considerado un escritor de novela policíaca o de crímenes al modo tradicional, pero que utiliza sus historias, negras como las que más, para mostrarnos lo peor de la actual sociedad de corrupción en plena crisis económica y social.

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Es con este afán de retratar la codicia y el afán de poder en la España de principios de este siglo XXI que nació Cazadores Urbanos. Cada uno en su nivel, los personajes de esta novela tienen sus ambiciones y pretenden alcanzar sus objetivos utilizando los medios a su alcance, legales o no, morales o inmorales.
A principios de este milenio, parecía que en España todo estaba permitido si servía para enriquecerse. El gobierno de la época fomentó el obtener dinero fácil a partir de privatizar bienes públicos y permitir comportamientos poco éticos, los medios de comunicación afines le dieron soporte mediático y empezó a correr el sentimiento de que si no te hacías rico era porque eras tonto, no importaba a costa de qué o quién fuera.
En este contexto, en Cazadores urbanos nos encontramos con un amplio espectro de personajes que intentan llegar un paso más allá de donde podrían hacerlo ateniéndose a métodos legales. Algunos para dar el gran pelotazo, otros para salir adelante en un ambiente hostil en el que no es fácil la supervivencia.
Pero el poder que cada uno tiene es muy distinto y los delincuentes de poca monta son utilizados sin escrúpulos por los que tienen ambiciones más altas. Sin darse cuenta, los primeros quedan envueltos en una tela de araña de la que les va a resultar muy difícil salir, si es que lo consiguen.
No es pues, tampoco, una novela de crímenes y misterio, pero sí es una novela negra en la que se intenta explicar, a partir de historias menores, cómo el país se vio envuelto en una espiral de corrupción y codicia que fue caldo de cultivo para la crisis que estalló poco años después y todavía nos atenaza.





lunes, 19 de mayo de 2014

Si soy yo mismo, me temo; porque entraría a matar

Hace unos días se detuvo en Tavernes de Valldigna (Valencia) a un chaval de 19 años por haber publicado en twitter varios mensajes en los que celebraba la muerte de Isabel Carrasco y opinaba que otros políticos del PP también la merecían.
Por las mismas fechas, Arias Cañete, dos veces ministro del PP y actual número uno de la candidatura popular a las elecciones europeas, decía en una entrevista en la cadena Antena3 de televisión: sí soy yo mismo, me temo; porque entraría a matar, refiriéndose al debate que había tenido la noche anterior con la candidata del PSOE, Elena Valenciano.

Si Fernández Díaz, ministro del interior, considera que lo que dijo el chaval es apología del delito, ¿no debería considerar que lo que dijo Arias Cañete es propio de un psicópata al que habría que encerrar? Cuando alguien reconoce que si hubiera sido él mismo hubiera entrado a matar, ¿no está indicando que es poseedor de un inquietante estado de violencia interior que en algún momento podría llevar a la acción? ¿No debería recibir atención psicológica en lugar de aspirar a ser un representante de los españoles? ¿No fomenta la violencia machista cuando apela a la superioridad de la esencia masculina y, subliminalmente, propone que entremos a matar cuando discutamos con las mujeres, seres tan inferiores las pobres?

El chaval de diecinueve años, un adolescente desconocido, escribió en twitter, para sus pocos seguidores y en valenciano (ya saben, ese idioma raro que se habla en Cataluña y, dialectalmente, en Valencia). Es decir, si los medios de comunicación y el ministerio del interior no le hubieran dado eco, el twit no habría tenido repercusión alguna.
En cambio, Arias Cañete habló en una importante cadena de televisión y es un político relevante, actual candidato del PP a diputado europeo, pero que en realidad a lo que aspira es a ser comisario europeo (nada menos), cuyos lapsus linguae violentos no son un desliz de ahora, sino que vienen de lejos, pues en el año 2000 ya dijo que llevar a cabo el trasvase del Ebro sería "un paseo militar", o los machistas cuando, sobre el mismo tema y en el mismo año, dijo que se haría "por huevos".

Tanta insistencia no puede ser fruto de un desliz momentáneo, más bien da la sensación de que el señor Arias Cañete tiene serios problemas internos con la violencia y las mujeres. 
También tiene otro, externo, con el conflicto de intereses que plantea su labor de político con la de empresario en relación con el conflicto español con el Reino Unido por Gibraltar y con un problema medioambiental en la misma zona, pero intuyo que ha de resultarle difícil darse cuenta de ello si su mente está tan ocupada preocupándose de cómo demostrar ser superior a las mujeres y cómo ponerlas en su sitio si ellas se atreven a intentar situarse a su altura intelectual.

lunes, 17 de marzo de 2014

¿Por qué Artur Mas no quiere la independencia?

1)

Artur Mas no quiere la independencia porque a los grandes empresarios, directivos y familias dominantes de Cataluña en general, que son a los que Convergència i Unió representa, no les conviene, ya que económicamente les resultaría un desastre. Sus intereses están centrados en el mercado del resto de España y de la Unión Europea, y las relaciones con ellas tendrían un futuro poco halagüeño si se produjera una secesión, en especial si no fuera de mutuo acuerdo, que parece el caso más probable.
 Es pública la posición contraria a la independencia de Fainé (la Caixa) y Lara (Planeta), así como de Rossell (presidente de la patronal española), personajes sin duda representativos de lo que opina la clase dominante.


2)
Artur Mas no quiere pasar a la historia como el héroe que consiguió la independencia de Cataluña sino como el mártir al que no le permitieron que la consiguiera. Es decir, su objetivo real es perder la contienda que ha planteado.
Puede parecer una aspiración extraña, pero no lo es tanto si consideramos que el victimismo ha sido y es el eje vertebrador de la política nacionalista catalana, cuyo símbolo más evidente es la Diada, que rememora una derrota y no una victoria.
Esto sucede porque en las derrotas la población se une frente a un enemigo externo y eso crea un fuerte vínculo que es fácil de manipular por los dirigentes.
Así, la derecha catalana se asegura cualquier política que lleve a cabo siempre que pueda responsabilizar a Madrid de todas las medidas impopulares que tome.

3)
Jordi Pujol fue un líder todopoderoso que se desprendió de quienes pudieran hacerle sombra (Cullell, Roca, Trías…) y acabó nombrando como sucesor a Artur Mas, un político mediocre destinado a continuar su obra sin cuestionársela demasiado.
Pero tan bajo era el nivel del escogido que, pese a que tenía todo el engranaje de clientelismo de Convergència dominando el país, le costó tres elecciones llegar al poder.
Para cuando Artur Mas fue investido presidente, Cataluña estaba sumida en una crisis de la que había que salir con el mínimo daño para esos empresarios y familias a los que CiU representa.
Así pues, Mas aplicó una política de recortes que ha afectado en gran manera a la clase media, motor del consumo, cuya merma de poder adquisitivo ha acabado hundiendo a un gran número de botiguers, ese sector tan caro a Jordi Pujol y que tanto protegió por su concepto mítico de Cataluña: un país medieval formado por artesanos, comerciantes y payeses bajo la protección de los grandes condes.
Si a ello añadimos que, según un informe citado por La Vanguardia (3 de Marzo de 2014), actualmente un 33% de los hogares catalanes pueden considerarse pobres, nos encontramos con que, salvo el gran capital, Convergència i Unió se ha quedado sin soporte, es decir, sin los votantes necesarios para mantenerse en el poder.

Esta pérdida de apoyo quedó ya demostrada en las tácticamente mal planteadas elecciones de 2012, en las que Convergència i Unió perdió más del 20% de los escaños que tenía.
Mas demostró de nuevo que era un mal político, llevando a la coalición que preside a una situación muy delicada, a la que quiso hacer frente con una huida hacia adelante, que fue la convocatoria del referéndum para la independencia como punto único de su política visible a partir de entonces, su particular MacgGffin, con el que distrae la atención del espectador mientras él sigue con la auténtica trama: la del expolio de las clases trabajadoras en favor de las grandes fortunas.

4)
En mi opinión, lo que sucederá es lo siguiente: no habrá referéndum para la independencia de Cataluña, habrá unas elecciones de las llamadas plebiscitarias que solo servirán para que Convergència i Unió pueda mantenerse cuatro años más en el poder, mientras ERC le otorga credibilidad ideológica con esa aureola de infalibilidad papal que le confiere el hecho de no mojarse nunca por nada. Con ello tendrán apaciguadas a la clase media y baja, los unos a la derecha y los otros a la izquierda.
Poco a poco la situación económica irá mejorando, en el sentido de que el paro descenderá, aunque sea a costa de aceptar trabajos mal remunerados, y el consumo (de bienes de poca calidad y bajo precio) irá creciendo, calmándose así la situación y asegurando la paz social sin tener que recurrir al mito del paraíso independiente como zanahoria a la que perseguir.
El movimiento independentista se congelará, listo para ser usado de nuevo en el futuro. Para cuando llegue 2018, la Vía catalana y el 9 de noviembre serán nuevos iconos incorporados al imaginario colectivo, aptos para su consumo en nuevas situaciones de crisis.


martes, 4 de marzo de 2014

Her. Una película aburrida cargada de buena intenciones


Hoy en día, utilizar a una máquina para paliar la soledad de una persona parece un recurso del pasado. Que una persona tenga una relación afectiva con un sistema operativo, habría resultado interesante en una novela de Ray Bradbury o de Isaac Asimov y, desde luego, un ejercicio brillante en una de J. G. Ballard o de P.K. Dick, pero no en el guión de una película de 2013, por mucho que su guionista y director, Spike Jonze, se haya llevado el óscar al mejor guión original.


Toda la película gira alrededor de la dificultad de las relaciones humanas, especialmente de las afectivas, lo que tampoco es un tema nuevo, pero al que Jonze ha querido dar un toque original en lugar de quedarse en la habitual comedia romántica indie, aunque, en mi opinión, sin haber logrado una película completa. Es indudable que Her tiene algunas partes muy buenas, pero en cambio flojea en otras, siendo una de las principales la de la excesiva duración, que provoca un alargamiento innecesario de la historia y constituye un lastre para la película, que hubiera quedado más ágil con media hora menos y habría disimulado algunos de sus otros defectos. 


Theodore, magníficamente interpretado por Joaquin Phoenix, es un hombre negado para las relaciones afectivas (recién divorciado, enamorado desde la universidad de su vecina y que  hasta tiene problemas de relación con los protagonistas de un juego de realidad virtual que practica), pero experto en escribir cartas emotivas en nombre de otros. Son cartas de amor, de agradecimiento o de condolencia que quienes deberían escribirlas prefieren contratar a otros para que lo hagan, seguramente porque ellos no son capaces de hacerlo.

Esto es lo que me pareció más interesante de la película, porque resuelve con brillantez la paradoja de la dificultad que muchas personas tienen para tratar sus propios asuntos emocionales y, en cambio, resolver con soltura los ajenos.

Theodore trabaja durante el día escribiendo hermosos textos capaces de emocionar a extraños, pero lo vemos salir cada tarde de la oficina con un aspecto apocado, sin chispa, vitalmente disminuido por sus carencias amorosas tras su divorcio y, deduzco, tras años de estar enamorado de Amy (Amy Adams), con la que mantuvo en la universidad una relación de horas, porque aquello no hubiera funcionado, según Theodore, y que ahora vive en su propio edificio, casada con otro.

Otro de los grandes aciertos de la película es la elección de Scarlett Johansson para ser la voz de Samantha (Her hay que oírla en versión original, de lo contrario no tiene sentido). Si alguien puede enamorarse de un sistema operativo ha de ser porque tenga una voz, una dicción y una entonación como la que tiene Samantha, gracias a Scarlett.

Lo demás es una película más o menos trivial sobre la soledad, pero con ínfulas existencialistas.


lunes, 17 de febrero de 2014

Novela. Cazadores urbanos.

Cazadores urbanos
Cazadores urbanos es una historia de ficción, no una crónica periodística. Los hechos que en ella se narran son inventados, pero con otros similares hemos derrumbado la España que pretendía por fin salir del pensamiento mágico y la ignorancia y estamos de nuevo en manos de la iglesia y el caciquismo.
La novela no pretende ser la historia de cómo hemos llegado hasta aquí, eso resultaría de una vanidad intolerable, pero sí que intenta coger un pequeño elemento y desarrollarlo, como ejemplo de lo que nos ha sucedido.
Al no estar muy alejada de la realidad, porque trata sobre el mundo empresarial, la tecnología y los medios de comunicación y transcurre en un tiempo y lugar muy determinados (año 2001, Barcelona), debe situarse en su contexto histórico y por ello se mencionan nombres y hechos reales que sirvan de referencia al lector, pero que en ningún momento forman parte de la trama. Al contrario, todos los personajes y empresas con las que ellos se relacionan son ficticios.
Ciertos nombres utilizados en la novela pueden recordar a algunos reales, pero se debe a la imposibilidad de encontrar otros que resulten apropiados y no se parezcan a los existentes. También algunas noticias de aparición más o menos reciente pueden referirse a sucesos semejantes a los relatados, pero la novela no está basada en ellos.
No obstante, la historia que se cuenta está estrechamente vinculada a la realidad política, social y económica del momento y en este sentido sí cobra especial importancia el marco histórico en el que se desarrolla.
En el trasfondo se tratan temas como la facilidad e impunidad con la que se puede acusar a alguien sin pruebas a través de los medios de comunicación y cómo la mera insistencia en afirmarlo puede inculcar en la gente la idea de que es verdad lo que en ellos se dice.
También se bucea en los sótanos del mundo empresarial, con sus luchas intestinas por el poder, que en muchos casos está más lejos de lo que los propios implicados suponen, pensando, inocentemente, que lo alcanzarán cuando en realidad no son más que vasallos de otros señores. Por último, claro, se muestra la evolución de los protagonistas que, envueltos en la vorágine de los acontecimientos, tendrán comportamientos dispares y destinos muy distintos. Uno de ellos tendrá un final trágico y los demás verán sus vidas alteradas de un modo que nunca hubieran podido esperar.
Es, en fin, el retrato de una época en la que la impunidad de los negocios fáciles pero fraudulentos, la connivencia entre los distintos poderes, el crecimiento sin bases sólidas y la gestión tan mala como corrupta nos llevó hasta la crisis actual que, si bien empezó en 2008, tiene puestos sus cimientos en aquellos años de falso esplendor de principios del siglo XXI. 

lunes, 20 de enero de 2014

Cuando ruge la marabunta: las bicicletas y los peatones.

¿En qué momento de la historia los ciclistas adquirieron el derecho a circular por las aceras de las ciudades?

Ha ocurrido de forma silenciosa, gradual, como una invasión de hormigas: primero te encuentras una corriendo por una pierna y no le haces caso, luego otra por un brazo y piensas qué pesadez de hormigas pero, cuando te das cuenta de lo que realmente sucede, ya es demasiado tarde y la marabunta ha invadido tu hábitat, destrozándolo todo a su paso.

Amparadas bajo el santo patrón de los delirios ecológicos, las bicicletas se han convertido en santas e intocables, no puedes decir nada contra una bicicleta, igual como no puedes hacer un chiste sobre judíos (por ejemplo) o sobre andaluces (otro ejemplo): se les debe santo respeto y veneración puesto que son los ídolos modernos; religión, nacionalismo y ecología.
Sin tener en cuenta que la ecología no es solo no utilizar propulsión sin motor sobre ruedas, sino también aquella que no necesita ni de las ruedas, o sea, caminar.

Los ciclistas dicen que su territorio natural son las aceras, donde pueden compartir espacio con los peatones sin peligro, porque son más débiles que ellos. Los mandatarios municipales también lo dicen, porque temen restarle espacio a los coches. El resultado, como en la crisis, es que pagan los más débiles: los viandantes, esa especie pobre, sin poder, cuyo único espacio protegido, las aceras, ha sido poco a poco ocupado por los más variados elementos:
  • Las motocicletas, aparcadas por todas partes: paradas de autobús, pasos de peatones o entradas a edificios. A veces, frente a lugares comerciales o de oficinas, resulta difícil que un peatón pueda salirse del pasillo que le dejan.
  • Los coches, aparcados sobre las aceras... especialmente, claro, en aquellas calles estrechas en las que si aparcan en la calzada no dejan espacio para que circulen otros coches. ¿El remedio? Hacerlo parcialmente sobre la acera (normalmente también estrecha), con lo que el peatón tiene que bajar y andar por la calzada, con el correspondiente peligro y molestia si se tienen dificultades de movilidad.
  • Los "invernaderos" para fumadores. Porque en eso se han convertido las terrazas de los bares. Hay que proteger al fumador, porque paga muchos impuestos y, por lo tanto, hay que dotarlo de un espacio en el que reine sin que nadie pueda echarle nada en cara. Los no fumadores han perdido su derecho a sentarse en las terrazas, incluso en estos

    invernaderos, pese a que la ley (si no estoy equivocado) solo permite fumar si el lugar tiene una o dos paredes, muros o paramentos... cosa que ya hemos visto que los establecimientos se saltan impunemente.
  • Farolas, papeleras, bancos, árboles, quioscos, marquesinas, tenderetes, fruterías y todo un variado material puesto sin ton ni son y que convierte las aceras en pistas americanas para los peatones.
  • Patinetes, monopatines, segway, motocicletas y ciclomotores. Todos ellos parecen tener derecho a circular por las aceras y hacerlo a la velocidad que estimen conveniente. ¿Qué una moto quiere entrar por una calle que es dirección prohibida? No hay problema, se sube a la acera y la recorre con tranquilidad. ¿Que hay un atasco y no tiene espacio para zigzaguear? Tampoco eso va a ser un inconveniente: claro, por la acera. ¿Que salimos del instituto y la calle es cuesta abajo? Pues a la acera y a tumba abierta.
Y, por último, pero no menos importante: la bicicleta, que merece capítulo aparte. Como cuando nos ponemos al volante de un automóvil, los peatones se transforman cuando suben a una bicicleta. De repente su estatus ha cambiado, ha dejado de ser el más débil, ha subido un peldaño en el escalafón y ahora puede dominar al que ha quedado abajo. 
Todos los ciclistas creen haberse convertido en virtuosos del pedal y confían

Axiomas ciclistas:
  • No importa cuántos kilómetros de carril bici existan, el ciclista siempre tiene la tendencia a no usarlo. En la Diagonal de Barcelona, en el tramo entre Francesc Macià y la zona universitaria hay un carril bici en la acera de montaña. Pues bien, los ciclistas circulan por la de mar, sorteando peatones, en especial en aquellas zonas más concurridas entre el Coete Inglés de María Cristina y el centro comercial La Illa.
  • No importa cuánto espacio tengan los peatones, el Ayuntamiento siempre se lo quitará a ellos para dárselo a las bicicletas. En las paradas de autobús de la Diagonal, cuando un pasajero desciende, ¿dónde lo hace? Pues exactamente sobre un carril bici, perfectamente situado allí para que recuerde que está en la selva y el es el alimento de los leones.
  • No importa en qué momento un peatón decide cambiar de dirección, siempre topará con un ciclista que lo está adelantando. ¿Qué un peatón decide girar a la derecha para mirar el escaparate de una zapatería? Entre él y el establecimiento siempre habrá un ciclista. ¿Que se desplaza la la izquierda para saludar a un amigo que viene en sentido contrario? Entre ellos siempre habrá un ciclista.